Había una canción de Giovani Jovanotti que decía algo así como “los números, no los soporto más, la matemática es algo demencial, lo que tú ves, estés donde tú estés… sólo se habla de números, la gente vive con números, la gente de números. ¿Tú cuánto ganas?, ¿tú cuánto mides?, ¿cuál es tu edad? o ¿cuántos votos me das? (…) 1.324.000 que van vestidos como tú, pero no son como tú, eso piensas siempre tú, o tal vez sí, depende de ti…. 25, 35, 25, 35, 4000… No somos números, que somos únicos (bis).” Si tenéis oportunidad de escucharla, es gracioso… una auténtica chorrada, pero graciosa.

Porque los números tienen mucho que ver en esta historia, de ahí que tome prestado ese curioso título al músico italiano. Y es que hay un método utilizado en nuestra empresa, que debería ser obligatorio por ley. Se aplica cuando un trabajador nuevo se incorpora a la organización, y se bautizó en su día como la “semana de hermanamiento”, que consiste simplemente en acoger al susodicho, apoyarle, preguntarle cómo está, invitarle a algún café y resolver las dudas que le surjan sobre el material que se le da para que vaya formándose dentro del sector. Es algo así como tratarle bien, pero tan forzado que parece que el compañero sea idiota. Parece.

Y durante esos días, para los primeros que entramos en la organización, al menos, todo es buen rollo, motivación, y hacer buen uso de la paciencia. Porque para el jefe es el momento justo en el que el telón se abre por primera vez para ese público, y siguiendo el refrán de que “la primera impresión es la que queda”, se desvive para conseguir atraer su atención y quedar como lo que es: el mejor.

Pero antes de conseguir ser miembro de la organización, los que no entran por enchufe, deben pasar diferentes pruebas psicotécnicas para medir las aptitudes y capacidades, entrevistas personales, etcétera. Una de las que nos hicieron se llama test de eneagrama de personalidad y sirve para identificar nuestro eneatipo, que puede definirse como “la tendencia dominante que determina nuestra cosmovisión o estrategia vital”. Bien, a mí personalmente esta descripción me deja igual, pero el caso es que existen nueve eneatipos con los que podemos identificar a una persona mediante las respuestas que da en un cuestionario. Cada eneatipo es un número del uno al nueve, y describe un tipo de personalidad, aunque cada uno de ellos tiene una tendencia mala y buena. Por ejemplo, si te dicen que “eres un uno”, se pueden referir a que eres una persona racional, idealista… pero también puedes ser demasiado exigente e iracundo, así que te quedas con la duda de si te están alabando o todo lo contrario… O si eres el eneatipo número siete eres alguien activo, divertido, pero también puedes ser demasiado ambicioso y hedonista…

Una de las veces que fui a tomar café con la plantilla al completo, Javier me soltó:

-Qué, Ana, quieres café, o los sirves tú para todos, para poder controlar bien…

-¿Cómo? ¿Controlar el qué?

-Ja, ja, ja… -Y moviendo la cabeza con los ojos hacia arriba, como diciendo “Ay, Dios mío, qué paciencia…- . Sí, eso, que te gusta tenerlo todo bajo control.

-Bueno, sí, a poder ser…

-Es que, sabes, Ana, tú eres un uno.

-¿Un uno?

– Sí, como los técnicos, que suelen serlo.

Yo me quedé alucinando, pero la verdad es que caí a cuatro patas en la trampa. No sé, me hizo gracia y todo, era algo divertido, seguramente porque no advertía que atendiendo a sus explicaciones iba a meterme en una vorágine de números que no servían más que para etiquetar a la gente, en el mayor de los casos injustamente. Pero a él eso no le importaba lo más mínimo, ya podíamos estar contentos de que nos enseñara cosas tan interesantes e incluso su inteligencia para desenmascarar el número de cualquiera que se le pusiera por delante…

Pero lo más extraño era cómo él tenía sus números favoritos y los que odiaba. Todavía no sé la razón, porque si buscáis información sobre este tipo de exámenes veréis que no hay un tipo bueno ni malo, que como decía, todos tienen su tendencia positiva y negativa.

En esos momentos todos éramos novatos y nos conformábamos con reírnos con el “Sumo Sacerdote”. Alabado fuera por los siglos de los siglos:

-Sí Ana, no es nada malo. Por ejemplo, yo soy un tres. -Ya estaba tardando en hablar de él-.   Salta a la vista-. Todos asentíamos al unísono, no me preguntéis por qué-. Un emprendedor que se ha hecho así mismo, ya veis que no hay nada que me dé miedo. De hecho, ya desde pequeño, yo era un líder en el barrio. -Menudo pandillero-. Hasta una vez ideé un plan para culpar a otro cuando me pillaron haciendo una gamberrada. -Obviaré los detalles, que son escalofriantes y más teniendo en cuenta que según sus cálculos debía tener unos ocho o nueve años-. Pero eso no quiere decir que sea mala persona, lo que pasa es que ya de pequeño era un pillo que si no gastaba mis energías y mi inteligencia se aburría. -¡Angelito, pobre!

-Pues yo pensaba que igual eras un uno, o un ocho. -Se atrevió a decir alguien.

-¿Un ocho? ¡Yo odio a los ochos! Es lo peor que te puede pasar, cruzarte con un ocho -a ver, señores, un ocho no significa nada, estábamos bromeando… ¿o no?-, son lo peor, de verdad. Yo jamás contrataría a un ocho, porque se cargaría la organización. -Es cierto que algunos lo definen como rebeldes, dominantes, insensibles y cínicos, pero también lo es que en su “cara amable” se muestran fuertes, protectores y comprometidos…

-Un uno eres tú, y él y Ana -dijo otro-, y no se parecen a Javier, eso es verdad.

-¡Claro! Yo por eso cuido tanto mi imagen y mi forma de vestir, soy un tres -retomaba incansable él, y es verdad que la gente le escuchaba-, por eso siempre evito situaciones que puedan darme mala imagen.

-¿Por ejemplo? -dije yo retándole y mordiéndome la lengua para no decirle “¿Cómo ahora?”, aunque la verdad es que en ese momento me parecía una persona graciosa, no había maldad.

-Pues, ¿no os habéis fijado que no como nunca con vosotros? Así, si me mancho, no me veis -no me diréis que no tiene lógica su postura, porque eso no se puede negar… Qué pena que no hiciera con otras cosas el mismo planteamiento, porque la verdad es que la cagaba más que hablaba…

-Y Josu, entonces, también es un tres, porque es emprendedor y eso, ¿no? -lo sé, en estas situaciones es mejor no dar coba, pero si por lo menos se desviaba la atención a otro…

-No, no, de eso nada. Josu es como mi hermana, es un dos -Y se hinchaba como un pavo-. La verdad es que me dan pena -je, je, je… sí que eres buena persona, sí…- porque sufren mucho. Ellos sólo piensan en ayudar a los demás, y claro, la gente se aprovecha -si es que hay mucho desaprensivo suelto-, y yo ya se lo digo a mi hermana, que tiene que ser más lista y pensar en sí misma. Ya lo veis en Josu, son personas que quieren gustar a los demás, procuran buen ambiente, trabajan para ayudar -. Vamos, ¡que son una joya!

-Pero Josu, ¿tú hiciste el cuestionario? Si tú eres socio, ¿no? -preguntó alguien.

-No, yo no. Pero Javier me conoce muy bien y es verdad que soy así.

-Pues deberías hacerlo por si acaso -¡Menudo cambio! Al pobre se le desencajó la cara. Empezó a sudar, movía las manos como si se estuviera poniendo cremita, y movía la cabeza de derecha a izquierda, con los ojos fijos en algún punto, negando una y otra vez, algo escalofriante, la verdad.

-¿Para qué? No, no hace falta.

-Bueno, un día si quieres lo haces, Josu -dijo Javier en tono paternalista.

-Que no, Javier, que además, yo paso de esas cosas. Soy un dos y punto. -Se estaba calentando, y eso que era un dos, señores, ¡que es un dos! – A ver ¿por qué no voy a ser un dos? Si todo el mundo lo dice. -Un silencio enrarecido se hizo en la sala. El miedo era brutal. ¿Qué número creía ser en realidad? ¿Tenía miedo de ser un ocho? Pero, ¿qué más daba?

 En realidad, tenía razón. Nadie quería ser un número que nuestro jefe no tuviera valorado para bien. De hecho, todos nosotros tuvimos durante una época la costumbre de aplicar la teoría de los números, nos pareció un juego divertido e interesante porque no éramos conscientes de que para Javier era realmente importante. Era su Biblia para discriminar y clasificar a la gente de su entorno, y no había nada más que decir.

Evidentemente, como todo, la gente al final nos cansamos de sus comentarios:

-Ana, no trates a tu compañero exigiéndole tanto. Piensa que no es como tú, tan organizada y racional, y debes respetarlo. -llegó la perla del día- Estás agobiándolo de tal manera que se va a deprimir, ¿no ves que los seises necesitan estar seguros, y si se ponen nerviosos se hunden? -y yo, que no podía apartar de mi cabeza mi imagen pegándole latigazos injustamente a un compañero, me defendía:

-Pero si sólo le he preguntado si había recibido un cobro…

-Sí, Ani, ¡pero es que es un seis, joder!, así que ya reclamará el cobro cuando pueda…

Tres situaciones más de esas, y todos estábamos hasta las narices de los números y su obsesión por ellos. Especialmente cuando salíamos de alguna reunión con colaboradores externos, y al intentar resumirle las conclusiones de la misma, decía:

-Dime, Ana, ¿qué número crees que puede ser “fulanito”? -y con cara de estupefacción, tú no podías dejar de pensar en un ocho, porque el tío pesaba lo menos ciento veinte kilos, no por otra cosa. Pero claro, él odiaba a los ochos, y no querías que un simple número afectara en su relación con la empresa. – Vamos, vamos, ¡piensa! -Y a mí no se me ocurría otro pensamiento que los números no sirven de nada, que no tienen significado real, que no puedes generalizar, y mil argumentos más que echaban por tierra justo el pensamiento del “Sumo Sacerdote”. Al final, recordando una frase célebre, decidí que tenía razón y que “pensar contra la corriente del tiempo puede ser heroico, pero decirlo es una locura”, así que le miré y le dije:

-Creo que es como tú. Inmediatamente se giró y me miró escéptico:

-Sí, ¿verdad? Es que es lo que necesitamos. A un Javier Gallardo pero a lo portugués, y que monte el emporio que he montado yo aquí. -Le sonreí, quitándome el peso de encima-. Lástima que su imagen no sea tan magnética como la mía, pero puedo enseñarle mucho. ¿Vamos?

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¡Escucha la canción de Jovanotti!
Imagen descargada gratuitamente en: https://www.freepng.es/png-mn1ccs/download.html# 
Para más información sobre los eneatipos puedes consultar: http://eneagrama.personarte.com/eneatipos/

Eva Herraiz.

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